A VECES TE ARTAS



Esto es una queja en voz alta. Sí. Por tantos cristianos anónimos que tienen que aguantar un tremendo chaparrón cuando dicen que son creyentes o surge cualquier tema relacionado con la Iglesia. Hay gente muy cansina, y en ocasiones cruel. Me refiero a los clásicos cuñados, los amigos pesados o los compañeros de trabajo que todo lo saben y que revientan sobremesas, cafés de media mañana o grupos de wasap. En algunos casos son buena gente que ante estos temas se comportan como víboras con más prejuicios que libros leídos y que beben de cuatro tópicos manidos y cine tendencioso.

Hay muchos cristianos –y pienso en familiares y amigos– que tienen que agachar la cabeza por no dar una mala contestación y mandar a tomar vientos al gracioso de turno. Las acusaciones pasan por el IBI –que pocos saben lo que realmente implica–, la Guerra Civil y así hasta la conquista de América, la Inquisición o la Edad Media. Todo es culpa de la Iglesia. Es imposible el diálogo porque el odio a lo religioso es tal que no aceptan ninguna explicación. Bajo el disfraz de tolerantes hay un gran repertorio de burlas, memes y chistes con poca gracia –ojo, con otros temas afortunadamente son muy respetuosos o no se atreven a bromear– que provocan más dolor que risa. Es un fenómeno cada vez más preocupante que hace que mucha gente viva su fe como una auténtica cruz.

Yo no digo que la Iglesia haga todo bien –ni antes ni ahora–, que sería mentir. También creo que debemos escuchar y pedir perdón cuando sea necesario, no perder la capacidad de dialogar y poner la otra mejilla si hace falta. Pero es alarmante que en una sociedad que presume de valores y libertades, cada vez cueste más decir que eres cristiano. Somos un blanco fácil y se nos puede reprochar un montón de cosas, pero tenemos –como todo el mundo– derecho a creer en Dios, a llevar una cruz, a rezar y a ir a misa cuando nos de la real gana sin tener que esquivar el dedo acusador.

Comentarios