EL ESPÍRITU ANIMA LA VIDA


El Espíritu viene siempre a animar la vida de la humanidad. Es un despertador de vida. No pretende alejar a los hombres y mujeres de la vida de cada día. A María la hizo más mujer, más vecina, más cercana a la situación de su pueblo, más creyente, madre..

El Espíritu nos ayuda a hacer un buen planteamiento de la vida. Nos da la fortaleza para afrontar la realidad que nos toca vivir y para hacernos cargo de todos los que, también en esta época de profundos cambios, quedarán tirados en las orillas de los caminos. A María le ayudó a aceptar su pobreza y a convertirla en un canto y en una buena noticia para todos los pequeños del mundo.
El Espíritu ensancha nuestro corazón y lo abre a la comunión, convirtiéndonos en huéspedes los unos de los otros, unas razas de las otras, unas religiones de las otras. A María la hizo madre de Jesús, y él trajo muchos comensales a su mesa: los pobres y los ricos, los hambrientos y hartos, los humildes y soberbios, los poderosos y los débiles. Y a todos supo decirles María su palabra.

Cipe

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