LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

“¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”  
Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño” (EG 288). El ser humano tiene vocación de encuentro. Y también los pueblos y las culturas. Pero la humanidad está llena de heridas; son los desencuentros. La visita de María llena de luz la mañana. Plantéate el día como quien desea comunicar algo a los demás. Todo es nuevo cuando el saludo, las palabras, los gestos, participan de la frescura de la visita de María.
Tu visita es anunciadora de Evangelio. Tu visita despierta la alegría escondida. Visítame cada día, María. “Ayúdanos a decir nuestro sí”. 
Cipe


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