VIVO, EN LA COMUNIDAD


Un Dios resucitado es el que inspira la comunión de corazones, la profunda intimidad, la capacidad de tender puentes y relacionarnos sin barreras. Allá donde, más allá de un “yo” o un “tú” surge un “nosotros”, algo nuevo se genera, un sepulcro se vacía y vendas inútiles caen. 

Allá donde un hombre o una mujer se arriesgan a amar dejando todas las seguridades en otras manos; allá donde alguien es capaz de escuchar, ponerse en el lugar de otros, compartir las preocupaciones o los éxitos, desear el bien ajeno, algo nuevo se genera, un sepulcro se vacía y vendas inútiles caen al suelo. Allá donde alguien piensa en las necesidades de otros con tanta intensidad como en las propias, donde se busca la concordia por encima del conflicto y la humanidad común por encima de las diferencias, algo nuevo.

Pastoralsj

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