Isaías y los demás profetas insisten en
que el culto a Dios debe ir precedido de la justicia y de la bondad. En otras
palabras, a Dios no le podemos engañar. No podemos descuidar nuestra vida moral
y, luego, querer llevarnos bien con él por medio de ayunos y sacrificios
puramente externos. E Isaías fustiga con palabras durísimas a los que intentan
granjearse la amistad de Dios sólo con ayunos.
El ayuno no puede convertirse en un
formalismo “religioso”. Lo entrecomillo porque Joel llegó a pedir que ayunaran
hasta los animales. Pero, incluso cuando era religioso, si lo practicaban entre
“riñas y disputas”, simultaneándolo con explotaciones e injusticias, algo grave
fallaba.
Los profetas fustigan la hipocresía y piden coherencia. El ayuno sigue siendo válido para conseguir más justicia, más autenticidad, más religiosidad y más atención al prójimo.
Los profetas fustigan la hipocresía y piden coherencia. El ayuno sigue siendo válido para conseguir más justicia, más autenticidad, más religiosidad y más atención al prójimo.
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