TIEMPO DE GRACIA

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El encuentro con Jesús, el Señor, en la Cuaresma, limpia nuestros ojos para situarnos con lucidez en el mundo de hoy, fortalece nuestras manos para trabajar en las tareas del Reino, nos capacita para ser testigos de su amor. 

El desierto es experiencia de soledad, pero también es experiencia eclesial, porque Jesús recorre el camino hacia la Pascua con nosotros.  
Caminamos hacia la Pascua unidos a toda la Iglesia que siente el empuje del Espíritu para acercarse con nuevo impulso a la Palabra, a los que están en las orillas, en la noche, en la enfermedad y en el sin sentido..
Este tiempo de Cuaresma es un tiempo siempre propicio para abrir el oído y escuchar a nuestro Dios, escuchar lo que pasa en nuestro mundo, salir de la indiferencia hacia la compasión. Dejar la vieja mentalidad y abrirnos a la sabiduría creativa del Espíritu que siempre nos está empujando hacia donde menos pensamos pero siempre hacia la comunión. 
Dios es amor y solo amor. En la medida que seamos capaces de amor conocemos a Dios. Ha enviado a su Hijo no para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por él. La cruz es la manifestación suprema del amor y la lealtad de Dios. ¡Tanto nos ama que nos lo da todo! Las obras de amor revelan si hemos aceptado la salvación de Dios.   
Cipe

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