TIEMPO PARA CONTEMPLAR A MARÍA


“La Virgen está encinta y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Jesús” (Lc 1,32).
 El Adviento es un tiempo para poner los ojos en María y contemplar el fruto de su vientre. Hay un icono muy bonito de la Virgen, abriendo sus brazos y retirando su manto para así abrir su cuerpo y enseñarnos al que lleva dentro.
 Es un tiempo para contemplar a los grupos y comunidades cristianas y ver hacia dónde apunta la esperanza. Es un tiempo para contemplar a la persona como misterio sagrado, con Dios dentro.
 El tiempo del Adviento es una oportunidad para pasar de ser siervos -hemos hecho lo que tenemos que hacer, nadie nos puede decir nada, yo cumplo (cf Lc 17,9-10)-, a amigos -que comunican su vida íntima, que dialogan (cf Jn 15,15)-, y hermanos -que viven la presencia viva del Señor en medio de ellos y reciben una misión (Mt 28,10)-.
 Un texto oído y celebrado en este Adviento nos puede ayudar a descubrir si este tiempo ha sido de contemplación de María y de todos aquellos hombres y mujeres que han escuchado y acogido los dones de profecía y las promesas.
 “¿Qué salisteis a contemplar al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con lujo? Los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios. ¿Qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo y más que profeta” (Lc 7,25).
Cipecar

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