ESTAR A LA ESCUCHA


¿Os habéis percatado alguna vez del silencio que nos envuelve cuando estamos en un lugar solitario y empieza a nevar? Creo que en pocas ocasiones he tenido la sensación de estar tan envuelto en el silencio como cuando he podido vivir esa experiencia. Sin embargo, en nuestro día a día es muy difícil encontrar situaciones de silencio parecidas. Vivimos rodeados de ruidos. Ruidos en el exterior y ruidos en nuestro interior (por las preocupaciones de nuestro día a día por ejemplo). ¡Qué difícil es entonces encontrar el silencio! Si hasta algunos pagan por intentar encontrarlo en su día a día.

Del mismo modo, en nuestra vida de oración, muchas veces también nos cuesta (o nos es imposible) encontrar ese momento de silencio interior para poder estar a la escucha. Una ayuda para estos momentos, puede ser el repetir a modo de jaculatoria algún salmo o frase de la Sagrada Escritura que nos ayude a ir haciendo silencio. Ir repitiendo a modo de mantra, por ejemplo, “habla Señor, que tu siervo te escucha” o bien “Jesús mío, hijo de Dios, ten misericordia de mí”. Cuando los ruidos te rodeen, intenta acallarlos haciendo que estas frases vayan cayendo como copos de nieve silenciosos.

E Ignaciana



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