VENGA A NOSOTROS TU REINO



Que venga tu reino, Señor, porque lo necesitamos. Es que cada vez parece más lejano. La violencia, el mal y la injusticia parecen reinar en nuestro mundo y no tu Reino. ¡Que venga, Señor!
Lo repito cada día pero hoy, al escucharme, me vienen al corazón aquellas palabras tuyas: “El Reino de Dios está entre ustedes” (Lc 17, 21)… Y me quedo en silencio, descolocado. Y comienzo a recordar que ya me habías regalado verlo…

Es el Reino que ya está aquí, viniendo en cada detalle y en cada momento. Pequeño y escondido, que se hace palabra de aliento, caricia de consuelo, mirada de perdón, pasos que acompañan, silencio de oración, manos que trabajan. El Reino de esas mesas donde se comparte lo que se tiene y siempre hay lugar para alguien más. Ese que, sin que sepamos cómo, sigue creciendo.

El Reino que descubro en el joven que quiere amar con fidelidad aunque el mundo le diga que eso es cosa del pasado, en el que se levanta bien temprano sin que nadie lo sepa para rezar un rato, en el que está dispuesto a perder su tiempo para ir y compartir con los más pobres de su ciudad. ¡Y son tantos! Y así el Reino es para mí mucho más que una idea; tiene rostros, nombres, sabores, paisajes… que cada uno tiene que ir descubriendo.

Eso pido cuando digo “venga tu Reino”: poder ver, como tú lo haces, este Reino que nunca deja de llegar.
Poder verte, de eso se trata que venga tu Reino. Así lo expresaba el monje, mártir y poeta Christophe Lebreton, incansable buscador del Reino, que con su vida hizo que estuviera un poco más cerca nuestro:

verte como entrar en presencia
y respirar la vida

verte como entrar en luz
y llorar la alegría

verte como entrar en silencio
y tocar la palabra

verte como entrar en amistad
y comer tú y yo

verte como entrar en fiesta
y celebrar la libertad

verte abrazarte
y luego hay que partir

amar a todos
como verte

Matu Hardoy, sj







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